lunes, 6 de diciembre de 2010

La Armonía de las Formas


Todas las formas tienen emanaciones de ondas conocidas como ondas de forma. En cada forma u objeto físico existe una parte no-física, un Deva, un ser espiritual, que interacciona con el entorno, que une la forma física a la totalidad. Ninguna partícula esta aislada, existe una interacción en todo lo manifiesto a través de lo no-manifiesto.

La pureza de las formas poliédricas permite traer a lo manifiesto la energía de su orden interno. Cada forma poliédrica atrae y emite, impregnando su esencia en su entorno, ayudando a otros seres en su evolución.

A través de la Geometría Sagrada nos llega la fuerza de amor de apertura de corazón, la ayuda necesaria para el orden en la materia y el despertar de la memoria celular. La geometría pura activa todo el potencial de recuerdo de que somos seres espirituales y cual es el motivo por el que estamos aquí.

El Interior de los Poliedros

Los poliedros están relacionados con las direcciones del espacio. Las cuatro direcciones horizontales; la dirección del Padre, el Cielo, la dirección de la Madre, la Tierra y la dirección del Corazón, el centro. En los poliedros está inscrita memoria codificada para la relación sagrada con las direcciones.

Normalmente tenemos puntos de vista externos de los poliedros; los conocemos desde fuera. Existe mucha diferencia entre tomar un cubo en nuestras manos, observarlo… y entrar en el interior de un cubo, con plena conciencia de sentirlo y recibirlo como medicina para nuestra vida. El cubo es el poliedro que más fácilmente nos permite comprender la relación de los poliedros con las direcciones del espacio, representa y simboliza la Tierra como elemento Madre que nos acoge y nos nutre.

Podemos imaginar que hacemos una visita al interior de un cubo, lo visualizamos, doce barrar que delimitan un espacio cúbico lo suficiente grande para estar allí sentado, pedimos el permiso para entrar y para vivir en su interior la experiencia de la relación conciente con las direcciones.

Al entrar nos acoge el cuadrado de la base, la dirección de la Madre. No hay mucho para elegir, pero si queremos, un buen lugar para la experiencia, el centro del cuadrado lo es. Nos sentamos mirando a la dirección de la salida del sol, a nuestra derecha está situado el cuadrado correspondiente al sol de mediodía en su punto más alto. A la espalda la dirección de la entrada del sol en el horizonte, a la izquierda la dirección que completa el circulo solar de un DIA, el Norte, que representa la sabiduría, el cuadrado de arriba nos delimita el cielo, la dirección del Padre y el centro, séptima dirección, desde donde sentimos el orden y la suavidad que nos ofrece esta geometría.

La meditación en el interior de los poliedros es una experiencia muy útil si estamos en el compromiso de la sanación y el orden en la materia, también si queremos construir un espacio hábitat nos ayuda para sentir que energía nos llega de cada dirección, o tal vez alguien tiene la necesidad de encontrarse y de aprender a ubicarse. En la geometría pura podemos encontrar puntos que nos sirven de referencia.